Hay algo en las miradas de quienes caminan por la gran manzana. Determinación, ambición, curiosidad, un poco de miedo, extravío, indiferencia y a veces, si miras bien, hay compasión. Pero esas miradas ya no son tan fáciles de leer cuando los labios están cubiertos por una mascarilla y la pandemia. Hoy hay una posibilidad de dejar a ambas, atrás.
La vi en el tren o "subway" en una mujer de unos 30 años. Es de las pocas que ya se atreven a subir abordo de lo que una vez fue un monstruo del transporte masivo y ahora es confundido con un tren fantasma. No llevaba doble mascarilla, ni la mica que muchos acostumbran, solo un tapabocas de tela y un pin en la blusa, de esos que te regalan en el centro de vacunación luego de recibir el pinchazo. Me bajé con ella en su estación y la seguí.
Es ahora que debería contarles sobre mí. Aparte de ser un stalker, yo nunca me subo al tren pero ese día me robaron la bicicleta por dejarla encadenada en la calle la noche anterior. No, no cabe en mi apartamento. Siempre me entusiasmó el transporte público, Qué otro medio es más democrático? aqui se encontraban los ricos con los pobres, lo tontos con los que quieren dejar de serlo, los derrotados con los exitosos, respirando el mismo aire, llegando al mismo tiempo. Y antes, apretados, siempre apretados.
Ahora el tren venía con unas pocas personas y más tarde yo iba a desear que la multitud de antes me acercara más a ella, pero esta vez fue algo más. Un hombre homeless se sentó a su lado y le empezó a hablar. Yo estaba a unos seis pies de distancia cuando le vi responder. Luego, él siguió su camino.
Debió ser el temor lo que la hizo acercarse al lado del vagón donde había más gente, y así plantar sus nalgas a 3 pies míos. Cada vez más cerca, pensé. Pero luego me di cuenta que su otra opción era sentarse al lado de una mujer visiblemente enferma y con tos. Imaginé que ella no lo había notado y quise invitarla a movernos juntos a otro vagón, pero eso era muy apresurado. Lo importante es que ella estaba ahí y yo sin saber qué decir.
Su blusa amarilla de pronto se empezó a mover. Se puso de pie y caminando se alejó y se bajó del tren y yo corrí detrás. Corrí como un pez que muerde el anzuelo.
El calor de un Mayo en Nueva York, en plena década en la que el calentamiento climático pasó por mucho su punto de inflexión, le hizo al fin quitarse la mascarilla. Su blusa amarilla parecía un polluelo, descubriendo el mundo tras romperse el huevo, flotando en su pecho. Tan amarillo que irradiaba algo puro de lo que quieres infectarte. Mientras baja de la estación en su parada en Queens, toco la misma baranda que ella dejó atrás, afirmando mi certeza de llegar a conocerla e intercambiar saliva solo al hablar.
Ya en la calle, ella camina delante mío y parece sonreírle a los que se le cruzan, pero yo solo puedo ver los rostros de quienes la miran de frente. Lucen confundidos, casi pidiendo permiso con la mirada, buscando la aprobación de una extraña vestida de amarillo para que ellos también puedan sonreírle sin mascarilla.
Le grité: Qué te preguntó?- Quien? me respondió - el hombre homeless. - Me pidió un dólar- Y qué le dijiste? - Que no tengo... antes siempre tenía" dijo, murmurando al final y volvió a mirar de frente y acelerando el paso.
Nos sentamos en un parque viendo a un grupo de hombres jugando un partido de fulbito. "No quiero que me sigas a mi casa" me dijo, pero me gusta que te callas cuando hablo. Luego se sacó una piedra del zapato y se puso de pie.
Por qué me obsesiona perseguir a una extraña? Me preguntó. Porque no sé cómo conocer a una persona vacunada e invitarla a salir, le respondí en voz baja.
"Quisiera verte otra vez" le pedi, "imposible" respondió sin dudarlo. Sólo se había sentado porque ella tampoco sabía cómo hablarle a un extraño sin usar una mascarilla y quizo practicar. Para cuando conozca a alguien menos creepy, me dijo y se fue.
Llegué a casa con la misma sonrisa que ella ya me había contagiado. No le pregunté su nombre! me golpié en la frente. Prendo la tele y el titular en las noticias me paró como un tren de carga con freno de emergencia.
"La variante Delta de Covid, que arrasa en la India, gana terreno entre lo mas jóvenes en Estados Unidos."
Me lavo las manos por cinco minutos, busco una mascarilla quirúrgica nueva, me la pongo y me siento en mi balcón. Tengo dudas si aprendí a hablar sin mascarilla.


